La poca productividad de los trabajos temporales

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Pruductividad y tiempo. Un engranaje difícil de encajar.
Pruductividad y tiempo. Un engranaje difícil de encajar.

Hubo un tiempo donde hablar de trabajos temporales suponía directa o indirectamente hablar de beneficio para el empresario y “empleo basura” para el trabajador. Hoy en día seguir una estrategia empresarial basada en la temporalidad de los contratos no beneficia en la gran mayoría de los casos ni a empresario ni a trabajador.

Los motivos son tan sencillos como naturales. Hoy en día recibimos una preparación y una formación altamente cualificada para desempeñar el más sencillo de los procesos, esto hace que los costes de formación y las pérdidas naturales que genera un periodo de prueba o adaptación de un trabajador se multipliquen si prácticamente toda la plantilla tiene poca experiencia en el puesto.

Imaginad dos empresas en las que se mantienen modelos empresariales dispares. Es decir, una se basa en contratos temporales y otra mantiene de manera indefinida a su plantilla. Aunque estemos hablando de pintar paredes, la primera tendrá que afrontar los gastos que supone la formación (si la hubiera) y el periodo de prácticas o de prueba del trabajador constantemente, ya que cuando el empleado adquiera la habilidad que le da el tiempo realizando una misma tarea, concluirá su contrato y tocará empezar de nuevo. Por el contrario, la empresa que lleve como filosofía mantener un bloque sólido en plantilla, sólo habrá hecho frente a estos costes en su primera etapa, ahorrándoselos después.

Y no solo hablamos de costes, sino de calidad del trabajo realizado. Un trabajador que comienza comete errores y debe evolucionar de manera natural la asimilación de las rutinas de la empresa, los acabados, los periodos… etc. Una persona que está contratada más tiempo será capaz de mejorar sus habilidades y superarse poco a poco sacando más productividad en el mismo tiempo de trabajo.

Por tanto, queda claro que hoy en día la viabilidad de los trabajos temporales queda reducida, en la gran mayoría de los casos, a situaciones esporádicas como aumentos de producción momentáneos, temporadas estacionales como el verano o la navidad, o sustitución de empleados. Basar un modelo de empresa permanente en contrataciones temporales previsiblemente hará que demos con nuestra empresa en las garras de la crisis antes de lo esperado.